viernes, 12 de abril de 2024
Reordenando el almacén
He afrontado una titánica operación de cambios en la capacidad de almacenaje en la huerta. Hasta ahora veníamos utilizando la antigua cuadra como almacén bastante desordenado. He decidido vaciarlo, sacar todas las maderas, hacer limpieza de chismes que el paso del tiempo ha decidido ser de inutilidad, cerrarla de obra en su parte delantera y reconvertirla en una habitación dormitorio para artistas e invitados a los trabajos de la huerta. Para almacén quiero recuperar el de madera, ya desvencijado y en proceso de pudrición por el agua, y reconstruirlo yo mismo con hormigón y tejado, buscando una solución más estable y duradera para albergar herramientas y materiales de uso artístico en la huerta. Mientras todo eso llega, de manera ordenada apilo maderas a la intemperie, que recubriré con un plástico para evitar las lluvias.
domingo, 7 de abril de 2024
Preparando el terreno para la plantación de hortalizas
Antes de plantar las hortalizas, aportamos compost realizado en la huerta a base de hierbas cortadas, estiércol de oveja y tierra. Se ha hecho desde el año pasado y está en su madurez para utilizarlo. Después lo mezclo con la tierra con el motocultor.
sábado, 23 de marzo de 2024
Iniciando un nuevo muro
Un muro de piedra para la creación de un espacio para la realización del conjunto escultórico "Cactus", dentro del itinerario del agua, por tanto, lleva incorporado un abrevadero. Es la terraza sexta.
Lo inicio con el planteo de dónde irán las piedras gruesas de base, que ya me está esperando en la orilla.
viernes, 22 de marzo de 2024
Plantación de árboles frutales
A los árboles que el pasado año planté, he añadido esta semana otros diez: cerezos, higueras, ciruelos, kaki, perales, manzanos...
jueves, 24 de noviembre de 2016
Noviembre: lluvias y reparto de compost
El camino de acceso a la Huerta de los Frailes da vistas, a la derecha, a Carchelejo, un pueblo blanco, extendido como una balaustrada a lo largo de una escarpada ladera, y, a la izquierda, al castillo moro de Arenas, instalado en su inaccesible pináculo. Algún rayo de sol furtivo hace brillar las hojas plateadas de los olivos mientras la cogujada canta unas notas lastimeras desde una piedra y luego vuela en círculos como la alondra.
Al dar vista a los cortijos del antiguo monasterio, parece un lugar paradisíaco, un valle de bosques de pinos y olivos, gris y fresco, de ásperos barrancos, donde ya lanza su penacho de humo la chimenea de los cortijos, tan enhiesto, hacia el cielo, que parece estar suspendido de él. La colina del Cerrillo de San Marcos, faro del valle y de la Huerta, está recalentándose al sol. Los ennegrecidos troncos de los viejos almendros del camino y las higueras han perdido sus oscuras y satinadas hojas, que tras tornarse amarillas, han dejado desnudas sus ramas que se reflejan en las aguas verdosas de la alberca rebosante.
Han caído unos 40 litros, un agua muy deseada. Las lluvias por fin han llegado y el cielo está encapotado casi todos los días de nubes oscuras y esponjosas, que impregnan de humedad el suelo y el ambiente. Ya no están los abejarucos que alanceaban el aire en su vuelo veraniego, creando dardos de color con su brillante plumaje verde y amarillo, ni canta el cuco, pero han llegado los zorzales que raudos cruzan volando bajo los ardales de los olivos. Ha llegado la hora de aportar el compost a la huerta.
En la primavera hicimos dos grandes montones de compostaje con las hierbas resultantes del desbroce, estiércol de oveja y un poco de tierra de la propia huerta. Ya están maduros. Lo repartimos a las plantas.
Esta tarea es fundamental. La ciclicidad en la agricultura es la esencia de su sostenibilidad y viene dada por la devolución en forma de nutrientes de los residuos que en ella generamos transformados en compostaje.
Esta tarea es fundamental. La ciclicidad en la agricultura es la esencia de su sostenibilidad y viene dada por la devolución en forma de nutrientes de los residuos que en ella generamos transformados en compostaje.
El libro antropológico "Al sur de Granada" de Gerald Brenan, en su estancia en La Alpujarra granadina en el primer cuarto del siglo XX, recoge magníficamente la vida y costumbres de sus habitantes, convirtiéndose en un documento etnográfico de gran valor y un testimonio de cómo era la vida rural que hoy es irreconocible. Escribía “Mi aldea era casi autosuficiente. Las familias más pobres no comían nada que no criara en la aldea, excepto el pescado fresco, que se traía desde la costa a lomo de mula, en viaje nocturno, y bacalao seco. Los tejidos de algodón, la loza y la quincallería venían de las ciudades, pero los aldeanos tejían y teñían sus propios paños de lana, sus mantas de algodón, sus pañuelos de seda y sus colchas. En otras palabras, la economía de una aldea de La Alpujarra no había cambiado gran cosa desde los tiempos medievales.”
Lo que nos llama la atención y echamos de menos en su extenso libro, sobre todo teniendo en cuenta que el autor es un agudo observador, que no haya reflejado el sistema de ciclicidad de ese mundo en términos que garantizaba la sostenibilidad y equilibrio del ecosistema. Describe de forma pormenorizada lo que producían, los rituales relacionados con las cosechas o la matanza, las fiestas, las relaciones humanas, los grupos sociales, la religión, los paisajes, y hasta la psicología de sus habitantes; pero se olvida de describir cómo se producía, cómo se establecía la sincronización de reloj que les permitía ser comunidades autosuficientes. Eran sociedades de residuos cero, donde todo tenía una función en el engranaje general y no aparece en su estudio ni cómo los residuos de las huertas o de la molturación de las aceitunas, junto a los excrementos de los animales, iban a los muladares, nuestros modernos montones de compostaje, y madurados servían para fertilizar los cultivos que a su vez producirían magníficos frutos, volviendo de nuevo a reiniciarse el ciclo que seguiría dando vueltas con las estaciones y años en un ritmo biológico donde los seres humanos formaban parte.
Las carreteras construidas para los vehículos de motor pusieron fin a la vida autóctona de las aldeas y a los vestigios de una cultura que se remontaba a los tiempos clásicos.
En todas las modalidades de felicidad se da un elemento de añoranza, ya que la mente se centra mejor sobre aquello que echa en falta.
Noviembre: lluvias y reparto de compost
El camino de acceso a la Huerta de los Frailes da vistas, a la derecha, a Carchelejo, un pueblo blanco, extendido como una balaustrada a lo largo de una escarpada ladera, y, a la izquierda, al castillo moro de Arenas, instalado en su inaccesible pináculo. Algún rayo de sol furtivo hace brillar las hojas plateadas de los olivos mientras la cogujada canta unas notas lastimeras desde una piedra y luego vuela en círculos como la alondra.
Al dar vista a los cortijos del antiguo monasterio, parece un lugar paradisíaco, un valle de bosques de pinos y olivos, gris y fresco, de ásperos barrancos, donde ya lanza su penacho de humo la chimenea de los cortijos, tan enhiesto, hacia el cielo, que parece estar suspendido de él. La colina del Cerrillo de San Marcos, faro del valle y de la Huerta, está recalentándose al sol. Los ennegrecidos troncos de los viejos almendros del camino y las higueras han perdido sus oscuras y satinadas hojas, que tras tornarse amarillas, han dejado desnudas sus ramas que se reflejan en las aguas verdosas de la alberca rebosante.
Han caído unos 40 litros, un agua muy deseada. Las lluvias por fin han llegado y el cielo está encapotado casi todos los días de nubes oscuras y esponjosas, que impregnan de humedad el suelo y el ambiente. Ya no están los abejarucos que alanceaban el aire en su vuelo veraniego, creando dardos de color con su brillante plumaje verde y amarillo, ni canta el cuco, pero han llegado los zorzales que raudos cruzan volando bajo los ardales de los olivos. Ha llegado la hora de aportar el compost a la huerta.
En la primavera hicimos dos grandes montones de compostaje con las hierbas resultantes del desbroce, estiércol de oveja y un poco de tierra de la propia huerta. Ya están maduros. Lo repartimos a las plantas.
Esta tarea es fundamental. La ciclicidad en la agricultura es la esencia de su sostenibilidad y viene dada por la devolución en forma de nutrientes de los residuos que en ella generamos transformados en compostaje.
Esta tarea es fundamental. La ciclicidad en la agricultura es la esencia de su sostenibilidad y viene dada por la devolución en forma de nutrientes de los residuos que en ella generamos transformados en compostaje.
El libro antropológico "Al sur de Granada" de Gerald Brenan, en su estancia en La Alpujarra granadina en el primer cuarto del siglo XX, recoge magníficamente la vida y costumbres de sus habitantes, convirtiéndose en un documento etnográfico de gran valor y un testimonio de cómo era la vida rural que hoy es irreconocible. Escribía “Mi aldea era casi autosuficiente. Las familias más pobres no comían nada que no criara en la aldea, excepto el pescado fresco, que se traía desde la costa a lomo de mula, en viaje nocturno, y bacalao seco. Los tejidos de algodón, la loza y la quincallería venían de las ciudades, pero los aldeanos tejían y teñían sus propios paños de lana, sus mantas de algodón, sus pañuelos de seda y sus colchas. En otras palabras, la economía de una aldea de La Alpujarra no había cambiado gran cosa desde los tiempos medievales.”
Lo que nos llama la atención y echamos de menos en su extenso libro, sobre todo teniendo en cuenta que el autor es un agudo observador, que no haya reflejado el sistema de ciclicidad de ese mundo en términos que garantizaba la sostenibilidad y equilibrio del ecosistema. Describe de forma pormenorizada lo que producían, los rituales relacionados con las cosechas o la matanza, las fiestas, las relaciones humanas, los grupos sociales, la religión, los paisajes, y hasta la psicología de sus habitantes; pero se olvida de describir cómo se producía, cómo se establecía la sincronización de reloj que les permitía ser comunidades autosuficientes. Eran sociedades de residuos cero, donde todo tenía una función en el engranaje general y no aparece en su estudio ni cómo los residuos de las huertas o de la molturación de las aceitunas, junto a los excrementos de los animales, iban a los muladares, nuestros modernos montones de compostaje, y madurados servían para fertilizar los cultivos que a su vez producirían magníficos frutos, volviendo de nuevo a reiniciarse el ciclo que seguiría dando vueltas con las estaciones y años en un ritmo biológico donde los seres humanos formaban parte.
Las carreteras construidas para los vehículos de motor pusieron fin a la vida autóctona de las aldeas y a los vestigios de una cultura que se remontaba a los tiempos clásicos.
En todas las modalidades de felicidad se da un elemento de añoranza, ya que la mente se centra mejor sobre aquello que echa en falta.
domingo, 13 de noviembre de 2016
No te olvides, en noviembre
"No te olvides, en noviembre" me decía mi padre este febrero, unos pocos días antes de morir. Acababa de darme las recomendaciones para plantar los sarmientos de las vides.
- Córtalos con unas seis yemas, tres de ellas las entierras y otras tres las dejas fuera. Así alguna echará raíces y otra sarmientos.
Es noviembre. Este fin de semana hemos plantado veinticinco sarmientos en los bordes de las terrazas de la huerta. Ya veremos si enraízan. Si lo hacen, cada una de las nuevas parras servirá para acordarnos de él.
De todas formas, lo importante es el esfuerzo de intentarlo. El esfuerzo,
aunque parezca lo contrario, es el placer, esforzarse en lo que uno quiere es
un placer. El poeta Kavafis lo explicó cuando hablaba del camino a Ítaca y
decía que lo importante no era llegar a Ítaca sino el camino, el esfuerzo que
hacemos con las velas desplegadas, luchando con el mar para llegar. Y cuánto
más tarde lleguemos, mejor, porque el verdadero placer está en el esfuerzo.
domingo, 12 de junio de 2016
Una nueva escalera que une terrazas
La Huerta de los Frailes está situada en una ladera de una montaña con pendientes de un gran desnivel. Entre unas terrazas y otras puede haber desde los dos a los cinco metros.
La escalera realizada este fin de semana une dos terrazas con catorce peldaños. Son un medio indispensable para facilitar el trabajo y la comunicación rápida y segura. Aporta, por otra parte, una gran belleza al espacio.
Están hechas artesanalmente, adaptándonos a la orografía de la pendiente y desdeñando que todos los peldaños sean iguales y simétricos de tamaño. Dos mañanas han bastado para hacerla. En esta ocasión los artíficis son Sebastián y Claudia.
martes, 26 de abril de 2016
Los muros de piedra, la catedral agroecológica del monasterio de Cazalla
La Huerta de los Frailes está situada en el paraje llamado Puerto de San Marcos y Cerrillo de San Marcos del valle o Barranco del monasterio de Cazalla, caracterizados por ser una ladera de la montaña con una fuerte pendiente. Desde que hace catorce años iniciamos el proceso de cultivo agroecológico, realizamos la creación de terrazas y el inicio de construcción de muros de piedra para reforzar los cantos o taludes nuevos creados, así como en toda la zona perimetral, con el fin de intentar evitar los herbicidas que de manera indiscriminada prodigan en los cultivos convencionales vecinos. Con ello luchábamos contra la erosión, principal problema que se genera en terrenos de cultivo en pendiente.
Los muros de piedra en seco, además, sirven para conservar la humedad del suelo, ser un refugio extraordinario de reptiles, insectos y aves, lo que favorece el ecosistema y la lucha biológica contra las plagas, Sin contar con la extraordinaria belleza que añade al paisaje.
Han sido catorce años muy duros para recoger las piedras de los campos, llevarlas a la Huerta y colocarlas haciendo muros. Los muros se han ido rellenando de mezcla de tierra y estiércol, para mejorar el suelo y al mismo tiempo fertilizarlo. Pero posiblemente sea de las mayores satisfacciones obtenidas. En total la huerta precisará construir unos dos mil metros lineales de muros de una altura media de tres metros. Hasta el momento, y tras catorce años de trabajo personal de la familia, hemos alcanzado unos doscientos metros, por lo que queda casi todo por hacer.
Es en los muros de piedra donde la Huerta de los Frailes precisará ayuda, sobre todo en el suministro de piedra. Si esta está disponible a mano, la construcción de los muros es relativamente rápida. Los desechos de derribos, los movimientos de tierra de las obras públicas y el estiércol de los corrales de caballos o rebaños de ovejas y cabras, son los mejores ingredientes para unos muros que harán de la Huerta de los Frailes una catedral agroecológica en el valle del Monasterio de Cazalla.
Más que una rana-pato: un abrevadero para la fauna salvaje
Muchos cuando contemplan nuestra rana-pato de la Huerta de los Frailes creen que su razón de ser es la artística. Pero no, se equivocan, la razón de ser es la construcción de un abrevadero para la fauna salvaje.
De la alberca de riego de la Huerta de los frailes, cuando está llena, sale el agua que rebosa, y para evitar que simplemente se cree un embarrado -delicioso para los jabalíes-, pensamos que dicha agua canalizada mediante tejas invertidas, podría circular por toda la Huerta, terraza a terraza -nueve en total- de 150 metros de longitud cada una, creándose pozas, abrevaderos, saltos de agua entre una y otra terraza, siempre con la misma agua, para terminar al fondo del valle derramándose libre para deleite de los jabalíes.
Dicho itinerario del agua, pendiente aún de realizarse -pues hasta el momento sólo se ha podido abordar un trayecto muy pequeño-, nos estimuló a incrustarle de vez en cuando algún elemento artístico decorativo, la "rana-pato" que vemos en la imagen, o "la sirenita" en otra pileta pequeña.
Lo último ha sido un abrevadero más grande, que a su vez es un auténtico resort para las ranas, pues son decenas las que lo tienen adoptado como casa permanente, y donde Claudia está diseñando dos elementos artísticos que espero sean de gran atractivo para todos nuestros futuros visitantes. Si hay suerte los podrá realizar coincidiendo con el taller seminario de "Abierto por Arte" de este mes de julio, organizado con la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada y el ayuntamiento de Los Cárcheles.
Los abrevaderos para la fauna salvaje han estado propiciados por los fondos europeos del FEADER desde hace muchos años con muy poco éxito. El porcentaje de subvención a los agricultores para este tipo de intervenciones, consideradas no productivas, es del cien por cien y nadie las solicita. Nuestros campos parecen pensar en la economía productiva, sin tratar de devolver a los otros habitantes de ellos, los animales, sus fuentes de agua que les hemos sustraido al canalizar los manantiales en tuberías para los riegos, eliminando de nuestro paisaje muchos de los manantiales superficiales, sin añadir los que directamente desaparecen porque los pozos para las comunidades de regantes han rebajado las capas freáticas.
En la Huerta de los Frailes no hemos hecho los abrevaderos con subvención alguna, sino con nuestro esfuerzo y paciencia. La compensación es contemplar cada día los cientos de aves que viven entre nosotros porque cerca tienen el agua; los animales salvajes, esquivos, que por las noches acuden a saciar su sed; la fauna acuática de anfibios e insectos que se ha desarrollado en ellos, creándose un rincón lleno de vida.
De la alberca de riego de la Huerta de los frailes, cuando está llena, sale el agua que rebosa, y para evitar que simplemente se cree un embarrado -delicioso para los jabalíes-, pensamos que dicha agua canalizada mediante tejas invertidas, podría circular por toda la Huerta, terraza a terraza -nueve en total- de 150 metros de longitud cada una, creándose pozas, abrevaderos, saltos de agua entre una y otra terraza, siempre con la misma agua, para terminar al fondo del valle derramándose libre para deleite de los jabalíes.
Dicho itinerario del agua, pendiente aún de realizarse -pues hasta el momento sólo se ha podido abordar un trayecto muy pequeño-, nos estimuló a incrustarle de vez en cuando algún elemento artístico decorativo, la "rana-pato" que vemos en la imagen, o "la sirenita" en otra pileta pequeña.
Lo último ha sido un abrevadero más grande, que a su vez es un auténtico resort para las ranas, pues son decenas las que lo tienen adoptado como casa permanente, y donde Claudia está diseñando dos elementos artísticos que espero sean de gran atractivo para todos nuestros futuros visitantes. Si hay suerte los podrá realizar coincidiendo con el taller seminario de "Abierto por Arte" de este mes de julio, organizado con la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada y el ayuntamiento de Los Cárcheles.
Los abrevaderos para la fauna salvaje han estado propiciados por los fondos europeos del FEADER desde hace muchos años con muy poco éxito. El porcentaje de subvención a los agricultores para este tipo de intervenciones, consideradas no productivas, es del cien por cien y nadie las solicita. Nuestros campos parecen pensar en la economía productiva, sin tratar de devolver a los otros habitantes de ellos, los animales, sus fuentes de agua que les hemos sustraido al canalizar los manantiales en tuberías para los riegos, eliminando de nuestro paisaje muchos de los manantiales superficiales, sin añadir los que directamente desaparecen porque los pozos para las comunidades de regantes han rebajado las capas freáticas.
En la Huerta de los Frailes no hemos hecho los abrevaderos con subvención alguna, sino con nuestro esfuerzo y paciencia. La compensación es contemplar cada día los cientos de aves que viven entre nosotros porque cerca tienen el agua; los animales salvajes, esquivos, que por las noches acuden a saciar su sed; la fauna acuática de anfibios e insectos que se ha desarrollado en ellos, creándose un rincón lleno de vida.
lunes, 25 de abril de 2016
Casetas únicas para evitar la contaminación lumínica
El cielo estrellado nocturno de la Huerta de los Frailes es esplendoroso. Y tenemos que dejar que sólo las estrellas iluminen nuestra noche. Por eso tratamos de conservarlo evitando la contaminación lumínica. A las luces exteriores les construimos unas casetas artesanales que se integran con las piedras y el paisaje y, lo más importante, les hacemos un tejadillo que impide que la luz contamine nuestro cielo, porque es contaminación lumínica toda luz que se alza por encima del nivel de las luminarias, porque, además, no sirve para nada. La luz que contamina produce un resplandor ya que ilumina las partículas de polvo o agua en el aire suspendido. La contaminación, aparte de la imposibilidad de ver las estrellas, es que las nubes se ven iluminadas, y afecta a la vida nocturna de la fauna, alterando el equilibrio de los ecosistemas.
Las piedras las recogemos del entorno y las tejas son viejas que reutilizamos. No nos importa que cada caseta sea diferente, no tenga líneas rectas e incluso lo que predomine sea la irregularidad. Lo determina las piedras que en ese momento tenemos a mano. Creemos que así, además de evitar la contaminación lumínica, aportamos un elemento artístico en la huerta. Son ya siete casetas las instaladas. Y cada una tiene su identidad.
jueves, 21 de abril de 2016
Hemos perdido el conocimiento de la Huerta
Con la muerte de mis padres se nos fue el conocimiento de la huerta atesorado con una lenta y sabia destilación cultural de generaciones vinculadas a la tierra y a la célula agraria autosuficiente que durante siglos fue el valle del Monasterio de Cazalla.
Afortunadamente en los últimos años supimos estar cerca de ellos, entendimos su valor, y tratamos de aprender algo de su valiosa biblioteca archivada en sus memorias.
Nos encontramos huérfanos del cariño que siempre supieron darnos y de sus conocimientos. Esa wikipedia del valle ha desaparecido, aunque, tal vez, aún pueda encontrarla en algunos de los agricultores supervivientes que durante años trabajaron con ellos en estas tierras.
No sabemos lo que perdemos cuando ignoramos a los agricultores mayores. Los creemos incultos porque no saben leer o escribir o lo hacen con torpeza. Recuerdo una anécdota que nos contó en una ocasión mi amigo Jaime Izquierdo, de un profesor que iba acompañado por sus alumnos en un autobús visitando algunas experiencias en una isla de Las Canarias. Vieron en la carretera un cartel a mano que ponía "Se vende bino". La carcajada fue general de los jóvenes mofándose de la incultura del agricultor que lo había escrito. Entonces el profesor les preguntó: ¿quién de vosotros sabe hacer vino? Ninguno respondió. El profesor les preguntó con ironía: ¿Quién creéis que es más ignorante, el que sabe hacer vino y lo escribe mal o el que sabe escribirlo y no sabe hacer vino?
lunes, 18 de abril de 2016
Encalando paredes
Estaba harto desde hace tantos años ver estropearse la primera visión del antiguo monasterio con el paredón de bloques de cemento sin enfoscar ni pintar, destruyendo el paisaje. Lo he pintado yo. No es mío, pero lo he pintado yo. Me encontré el pasado fin de semana al dueño de casualidad y le dije: ¿Te importa que te pinte la paredes exteriores de tu casa abandonada?. Él contestó: No importa, pinta lo que quieras.
Me siento muy orgulloso de haberlo hecho, con la incomprensión de todos. Pero no sé cómo van a entender que el paisaje y el patrimonio es de todos al margen del Registro de la Propiedad.
Las tareas de la primavera
El compost lo hemos estado repartiendo desde comienzos del año, aunque una parte de él no estaba bien maduro, el año ha sido de pocas lluvias y muchos de los vegetales estaban como fibras secas, sin descomponerse, lo que nos ha obligado a voltearlo y dejarlo un poco más, confiando en que estas lluvias de la primavera, terminen de ayudar a hacer la transformación necesaria y podamos terminar de aportarlo a los árboles.
También ha sido tiempo de hacer la poda a los olivos en los primeros meses y la del resto de los árboles. A los olivos sigo podándolos al contrario que los agricultores de la zona, es decir, limpiándolos de abajo y dejándolos crecer hacia arriba. Supongo que no lo entienden, pero yo quiero que cumplan, además de darme el fruto de la aceitunas, también la función de sombra de jardín.
Y ya he comenzado a desbrozar la hierba, apilarla y transportarla a la zona de compostaje.
Este año no voy a plantar hortalizas. No sé si voy a disponer de tiempo suficiente ni del agua necesaria.
Ya no tengo más tarea permanente que las hierbas y los riegos, sin contar la parte del taller seminario artístico. Se presenta un verano movidito.
lunes, 26 de octubre de 2015
Aportando estiércol a la huerta
Subía el sábado el camino de tierra dando
vistas a la derecha a Carchelejo, una aldea grande y blanca, extendida como una
balaustrada a lo largo de una escarpada ladera, y a la izquierda al castillo
moro de Arenas, en su inaccesible pináculo. Algún rayo de sol furtivo hacía
brillar las hojas plateadas de los olivos mientras la totovía cantaba unas notas
lastimeras desde una piedra y luego volaba en círculos como la alondra.
Cuando di vista a los cortijos del antiguo monasterio, parecía
un lugar paradisíaco, un valle de bosques de pinos y olivos, gris y fresco, de ásperos
barrancos, donde ya lanzaba su penacho de humo la chimenea de la casa de mis hermanas,
tan enhiesto, hacia el cielo, que parecía estar suspendido de él. La colina de mi
Cerrillo de San Marcos estaba recalentándose al sol, el ennegrecido tronco del viejo
almendro del camino lo jalona y las higueras han perdido sus oscuras y satinadas
hojas, que tras tornarse amarillas, han dejado desnudas sus ramas que se reflejan
en las aguas verdosas de la alberca rebosante.
La semana pasada cayeron 22 litros, un agua
muy deseada. Las lluvias por fin han llegado y el cielo está encapotado casi todos los días
de nubes esponjosas, amagando con pequeñas lloviznas que impregnan de humedad
el suelo y el ambiente. Ya no están los abejarucos que alanceaban el aire en su
vuelo veraniego, creando dardos de color con su brillante plumaje verde y
amarillo, ni canta el cuco, pero han llegado los zorzales que raudos cruzan
volando bajo los ardales de los olivos. Ha llegado la hora de aportar el
compost a la huerta.
En la primavera hice dos grandes montones de
compostaje con las hierbas resultantes del desbroce, estiércol de oveja -de un
camión que me trajeron de Campillo de Arenas- y la poca tierra que saqué de la
propia huerta. No gasté todo el estiércol disponible porque no hubo suficiente
hierba para ello, por lo que quedó un buen montón de estiércol a la espera de
usarse. Como creo que no tendré suficiente compost para nutrir a todas las
plantas, decidí este fin de semana empezar por aportar el estiércol sobrante
que está mezclado con mucha paja de la cama del corral de las ovejas y que ya
se ha descompuesto casi en su totalidad, exceptuando la capa más superficial.
Cuando acabe éste procederé a aportar el compost, esperando que, tras seis
meses, ya se haya creado, aunque han sido muy calurosos y secos. Cuando lo abra
veremos el estado en el que se encuentra.
Esta tarea es fundamental en la huerta. Los últimos tres años no pude hacerlo –por mi largo período de ausencia por razones de salud y por tener que desprenderme de las yeguas que me garantizaban el suministro constante de estiércol- notándolo los árboles gravemente, con una ausencia de vegetación renovada y de cosecha de aceituna. La ciclicidad en la agricultura es la esencia de su sostenibilidad y viene dada por la devolución en forma de nutrientes de los residuos que en ella generamos transformados en compostaje. Es cierto que me falta disponer de una trituradora para aumentar mi capacidad de materias vegetales que puedo aportar al proceso de compostaje con los restos de las podas de los árboles. Las pequeñas trituradoras de jardín no sirven y las grandes son excesivas para mis volúmenes. Lo normal sería disponer del servicio de unas horas de alguien que disponga de esta maquinaria, pero en la zona aún apenas se tritura, pues continúan, desafortunadamente, quemando el ramón de la poda. Mientras tanto acumulo los restos vegetales gruesos en montones para que con los años, al menos se transformen en mantillo.
Esta tarea es fundamental en la huerta. Los últimos tres años no pude hacerlo –por mi largo período de ausencia por razones de salud y por tener que desprenderme de las yeguas que me garantizaban el suministro constante de estiércol- notándolo los árboles gravemente, con una ausencia de vegetación renovada y de cosecha de aceituna. La ciclicidad en la agricultura es la esencia de su sostenibilidad y viene dada por la devolución en forma de nutrientes de los residuos que en ella generamos transformados en compostaje. Es cierto que me falta disponer de una trituradora para aumentar mi capacidad de materias vegetales que puedo aportar al proceso de compostaje con los restos de las podas de los árboles. Las pequeñas trituradoras de jardín no sirven y las grandes son excesivas para mis volúmenes. Lo normal sería disponer del servicio de unas horas de alguien que disponga de esta maquinaria, pero en la zona aún apenas se tritura, pues continúan, desafortunadamente, quemando el ramón de la poda. Mientras tanto acumulo los restos vegetales gruesos en montones para que con los años, al menos se transformen en mantillo.
Estoy releyendo, después de muchos años, el
libro antropológico "Al sur de Granada" de Gerald Brenan, en su
estancia en La Alpujarra granadina en el primer cuarto del siglo XX. Recoge
magníficamente la vida y costumbres de sus habitantes, convirtiéndose en un
documento etnográfico de gran valor y un testimonio de cómo era la vida rural
que hoy es irreconocible. Escribía “Mi
aldea era casi autosuficiente. Las familias más pobres no comían nada que no
criara en la aldea, excepto el pescado fresco, que se traía desde la costa a
lomo de mula, en viaje nocturno, y bacalao seco. Los tejidos de algodón, la
loza y la quincallería venían de las ciudades, pero los aldeanos tejían y
teñían sus propios paños de lana, sus mantas de algodón, sus pañuelos de seda y
sus colchas. En otras palabras, la economía de una aldea de La Alpujarra no
había cambiado gran cosa desde los tiempos medievales.”
Lo que me llama la atención y echo de menos en su extenso libro, sobre todo teniendo en cuenta que el autor es un agudo observador, que no haya reflejado el sistema de ciclicidad de ese mundo en términos que garantizaba la sostenibilidad y equilibrio del ecosistema. Describe de forma pormenorizada lo que producían, los rituales relacionados con las cosechas o la matanza, las fiestas, las relaciones humanas, los grupos sociales, la religión, los paisajes, y hasta la psicología de sus habitantes; pero se olvida de describir cómo se producía, cómo se establecía la sincronización de reloj que les permitía ser comunidades autosuficientes. Eran sociedades de residuos cero, donde todo tenía una función en el engranaje general y no aparece en su estudio ni cómo los residuos de las huertas o de la molturación de las aceitunas, junto a los excrementos de los animales, iban a los muladares, nuestros modernos montones de compostaje, y madurados servían para fertilizar los cultivos que a su vez producirían magníficos frutos, volviendo de nuevo a reiniciarse el ciclo que seguiría dando vueltas con las estaciones y años en un ritmo biológico donde los seres humanos formaban parte.
Decía Brenan en el prefacio del libro que “al sur de los Pirineos vive todavía una sociedad
que antepone las más profundas necesidades del alma humana a la organización
técnica necesaria para alcanzar un nivel de vida más alto. Es una tierra en la
que crecen conjuntamente el sentido de la poesía y el sentido de la realidad.
Ni uno ni otro engranan con la perspectiva utilitarista”
Las carreteras construidas para los vehículos
de motor pusieron fin a la vida autóctona de las aldeas y a los vestigios de
una cultura que se remontaba a los tiempos clásicos.
En todas las modalidades de felicidad se da un
elemento de añoranza, ya que la mente se centra mejor sobre aquello que echa en
falta.
jueves, 22 de octubre de 2015
Un banco reciclando unas losas de mármol de mi amiga Reme
Hace unos meses estando visitando a mi amiga Remedios en su casa de Madrid, me entregó dos losas de mármol que no le servían, diciéndome: "Seguro que tú le encuentras alguna utilidad".
Desde entonces han estado reposando, meditando, esperando su utilidad en la huerta, sirviendo de peso para evitar que vuele el plástico que cubre una mesa de madera que está a la intemperie.
Hace unas semanas cayeron en mis manos dos grandes piedras naturales, soberbias, con formas redondeadas, que me invitaban a pensar en ellas como brazos de un banco.
¿Y si unía las dos cosas, las losas de mármol y las piedras?
Busqué el emplazamiento con mi hija Claudia y pensamos en cómo sería el banco. Nos pusimos manos a la obra. Piedras, arena, cemento y agua y fueron dando forma al banco.
Pero aún no se ha acabado. Arrumbados en un rincón polvoriento aparecieron unos viejos azulejos del zaguán. Los pasamos bajo el chorro del agua de la manguera, y, secados con el trapo hecho de un jersey desechado, los dejamos relucientes, emergiendo la fuerza y el brillo de sus originales colores.
- Son preciosos, perfectos para la decoración del banco -dijo Claudia.
Estuvimos mucho tiempo dibujando en nuestra imaginación cómo y dónde ponerlos, debatiendo las combinaciones más interesantes. Todavía no hemos decidido la solución final. Seguramente esperaré a otro fin de semana en que ella vuelva de sus estudios en bellas artes, para que sus manos terminen poniendo la nota de color y convirtiendo el banco en una obra de arte.
lunes, 12 de octubre de 2015
Otra nueva escalera
Otra nueva escalera he terminado este fin de semana. Me estoy haciendo un especialista en escaleras rústicas. Ahí está, amoldándose como una serpiente al terreno, zigzagueante, ondulante, llevándome a espacios de difícil acceso. Desemboca esta escalera a una pequeña terraza donde han crecido de manera hermosa dos árboles de China cuyas semillas recogí un otoño del Real Jardín Botánico de Madrid.
También en esta terraza está la actual desembocadura del canal del agua, la que tendré que recoger en una pileta que, sin lugar a dudas, nos dará la oportunidad para nuevas y creativas soluciones artísticas, sobre todo porque tiene una caída muy grande, posibilitando la construcción de alguna pequeña cascada o qué se yo. Ya le estoy dando vueltas al asunto.
El fin de semana ha sido otoñal, lloviznando de vez en cuando. Las hojas del almez ya se tornaron amarillas, pero los campos están sin vida, muertos, silenciosos, sin un pájaro que trine. Sólo al amanecer un petirrojo me dio los buenos días.
lunes, 5 de octubre de 2015
Escaleras para no romperse la cabeza trepando muros
Terminé la construcción de estas pequeñas escaleras que de manera artesanal llevo haciendo con mis manos en el último mes. Era una prioridad absoluta para evitar los peligros de accidente cada vez que he de trepar o bajar de unas terrazas a otras con las gomas de riego arrastrando. Están hechas con bloques de cemento, para definir los perfiles de los escalones -bloques muy baratos, 50ctmos en el mercado-, piedra y hormigón. Me ha sido tan fácil hacerlas y divertido, por la creatividad de ir adaptándome al espacio y orografía, que he pensado continuar con otras nuevas en otras terrazas donde tengo problemas parecidos. Es utilizar en cada sesión unos cinco bloques, que son 2,5 euros, y en dos sesiones tengo resueltas una escalera, a fuer de los remates con las piedras. Es parte del arte en la naturaleza, con sus irregularidades, imperfecciones, asimetrías, curvas, salientes... Ahí reside su belleza.



















