jueves, 9 de agosto de 2012
La puerta de entrada a la huerta
Aún no está terminada. Le falta el tejadillo, y si nada lo remedia lo terminaré este mes de agosto. El modelo constructivo es de cosecha personal, sin regladas, irregular, buscando las piedras ennegrecidas de la intemperie. Tiene cimiento y algún hierro interior, aprovechando y reciclando hierros sobrantes.
lunes, 23 de abril de 2012
Los muros de la esperanza
Cuando la crisis nos acorrala, acobardándonos cada día, triturando nuestras expectativas, hundiéndonos en el fango de la desesperanza, encuentro el futuro en las pequeñas cosas como construir mis muros ambientales. Este invierno hemos continuado Claudia, mi hija, y yo, almacenando piedras para levantar unos palmos de muros ya construidos o iniciar otros nuevos.
Tengo la impresión de que nuestros muros son los ahorros del futuro; también son diques contra la desidia y la tristeza; y castillos que construimos para la esperanza. Cuando sudo colocando piedras me olvido de si la prima de riesgo sube o baja, de cuánto más me va a costar la semana próxima los medicamentos, o si podré pagar las tasas universitarias a Claudia que este año empieza en la Universidad, y su alojamiento, y su comida fuera de casa, y las nóminas que pagar a final de mes, y los informes de no sé cuántos departamentos de la Administración, y si el Rey está acabado o no, cuánto seguirá mintiendo Rajoy, mi hipertensión, y toda la mala leche de la semana.
Cuando quiero olvidarme entre semana de toda la montaña de inmundicias, me pongo, mientras conduzco, a fijarme en las piedras de las orillas de la carretera, en si me vienen bien para este muro o para el otro. Y termino parando el coche y llenando el maletero de piedras, algunas que apenas puedo mover por su elevado peso. Y en cada piedra que cojo dejo una parte de mi desesperanza. El sábado por la tarde, con el coche repleto, me encamino alegre para sudar en mis muros de las esperanza.
domingo, 22 de enero de 2012
Fertilizando la huerta
Toca la tarea de aportar nutrientes a la huerta. Y en agricultura ecológica lo hago con compost o con estiércol directamente. Cada año supone un esfuerzo ímprobo ir con la carretilla y tratar de llegar a todos las plantas, estén cerca de la cuadra o encaramadas en lo alto del Cerrillo, o lamiendo el barranco en las últimas terrazas. Siempre conté con el apoyo de Pablo o de Damián. Pero eso ya no es posible.
Hoy el día lucía limpio y azul, como desgraciadamente casi todos los días de este otoño-invierno, y solo con la ayuda de Claudia, que es mucha, pues tiene una magnífica determinación y fuerza para todos los trabajos. Puse a trabajar el cerebro y encontré la ayuda bien cerca, en la yegua que no hace sino comer y trabaja poco.
Hace cinco años que nadie la monta, por lo que inicié el intento con mucha cautela. Primero, le puse su silla de montar y observé su reacción. Ni moverse. Segundo, le puse encima un viejo serón de goma, Y ni se inmutó. Tercero, la até próxima al lugar del lugar de carga del estiércol, y empezé a llenar el serón con la pala. Perfecto. Ni rechistó. Y yo creyendo que dicha tarea sería imposible con una yegua tan señoritinga.
Todo el día dando viajes Claudia y yo repartiendo el mejor abono, la mierda de la propia yegua. Hasta un total de unos veinte.
Me duelen todos los huesos del cuerpo de la carga, pero estoy feliz. Un serón por olivo. Tengo tarea para otros muchos domingos, pero he encontrado la solución para muchas tareas. A partir de ahora mi yegua va a trabajar. Y eso le va a valer pues que no la voy a vender.
viernes, 6 de enero de 2012
Sexo machista y aceituna
Llego con el remolque a Trujal de Mágina, cargado de aceituna, acompañado de Claudia y mi padre. No hay absolutamente nadie, aunque las instalaciones están abiertas. Me coloco en posición de descarga sobre la rejilla. La puerta de la garita del controlador del peso está cerrada. Toco el claxon. debe haber alguien, se escucha ruido de algún motor en marcha en las instalaciones. Aparece nuestro amigo controlador.
- Pensé que tal vez hoy no abríais por ser Reyes.
- Que mejores reyes que un día de aceituna -me contesta-.
Nos ayuda a volcar el remolque en la tolva receptora.
Mil cien kilos. No está mal. Me da el recibo de la pesada, le firmo, mientras Claudia se acerca a la garita. Esta es un santuario de almanaques de tias en pelotas, algunas muy pornográficas. No dice nada y se marcha al coche. Me imagino la incomodidad que ha sentido. Arranco el motor y dirigiéndome a mi hija le digo:
- ¿Qué te ha aparecido el muestrario que tiene el individuo?
- Impresentable. La verdad es que me he sentido muy incómoda. Deben pensar que por aquí no pasan mujeres. No sé qué pensarían los tíos si en mi despacho donde reciba a la gente lo tuviera decorado de tios en bolas y en posiciones poco artísticas.
- Pues esto sigue siendo el pan de cada día, hija, en el medio rural. Por mucha acciones de igualdad que se hacen aquí estamos anclados.
- Ya veo, es igual en los talleres mecánicos, carpinterias, y lugares de trabajo muy masculinizados -agrega Claudia con una conciencia muy clara sobre el asunto-.
- Voy a mandar una nota a la cooperativa para que retiren de inmediato esta exposición de machismo ridículo. -lo cierto es que está desde siempre pero nunca lo he visto tan inoportuno hasta que mi hija lo ha contemplado-.
Me fuí preocupado. Y un poco frustrado. Yo impulsando proyectos de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en mi tarea profesional, socio de una cooperativa ecológica en la creencia de que esta empresa podía representar un conjunto de valores no solo en materia de producción comprometida con la biodiversidad, sino el de un grupo de gente depositaria de otros principios sociales, y descubres que al final sólo están aquí seguramente en la convicción de que iban a ganar más dinero. Y además estoy seguro que es así porque de lo contrario no habrían permitido el basurero que abraza toda la cooperativa.
Mañana recibo en la Huerta a una pareja de amigos de Hungría que acaban de llegar a España con una beca europea del programa Leonardo da Vinci, para estudiar nuestra experiencia en desarrollo rural a partir del ejemplo de la Comarca de El Condado, muy bien valorada en medios europeos. Quieren conocer en directo la experiencia de la recolección de la aceituna. Supongo que tendrán oportunidad de tironear de las mantas, golpear los olivos con las varas, y oler a zumo fresco de aceituna en sus manos, sentarse cansados en las pendientes del terreno y mirar el regalo de este cielo azul con brillo de primavera permanente. Pero después también querrán acompañarme a la cooperativa a llevar la aceituna recogida y en el camino tendré que ir disculpándome anticipándome a la imagen trágica de una empresa ecológica que si lo es no lo parece en nada.
miércoles, 4 de enero de 2012
Ricón recuperado.
Con paciencia y aprovechando unos días de vacaciones del verano, pudimos arreglar este murete y las escaleras. Mis hermanas y yo dedicamos varios días, bueno, unas dos horas diarias de varios días, cuando el calor no apretaba, es decir, al final de las tardes. Sólo hace falta un poco de cemento y arena que trajimos de Los Mesa de Campillo de Arenas, y las piedras de la zona. Ahora resta continuar construyendo muretes intermedios que faciliten más tierra a los olivos de por encima. Yo los relleno de una mezcla de tierra y estiércol. El resultado suele ser espectacular. Los olivos adquieren un color verde intenso y una gran frondosidad de hojas, aumenta la producción de aceitunas, luciendo un aspecto saludable. Rato a rato ya son más de cincuenta metros lineales de muros levantados. Hasta completar todas las terrazas hay trabajo para mis descendientes durante varias generaciones. Porque lo interesante es abordar esta tarea poco a poco, con cariño, sudando la camiseta, mimando cada espacio. Al final, el que participa termina amándolo.
martes, 3 de enero de 2012
Paja y aceituna
Se terminó la paja guardada en el pajar, que tiene una capacidad limitada, y tuve que trasladar una buena cantidad de ella desde el montón que tengo en reserva en un corral cerca de la era, protegida con plásticos. El traslado es complicado porque ningún vehículo puede entrar a un punto cercano del pajar o la cuadra. Por tanto, he de cargar las pacas de paja primero en el remolque, de ocho en ocho pacas; segundo, trasladarlas y descargarlas en la entrada de la huerta; y tercero, cargarlas de dos en dos en una carretilla de mano y transportarlas unos cien metros hasta el pajar. Dos días dediqué estas fiestas a esta tarea en solitario, puesto que Damián había caido enfermo con la gripe. El resultado ha sido la reaparición de mi lesión vieja en la rodilla izquierda. Siempre me ocurre igual que fuerzo la maquinaria.
Ahora tampoco he podido ni podré recoger mi poca aceituna. He arreglado con la cuadrilla de aceituneros de mi hermano para que me la recojan el próximo fin de semana. Lo mío es para dos o tres días. No parece que llegue a los tres mil kilos.
Begoña me ha traido el saco de patatas de siembra que cada año su padre me manda. Significa que tendré que sembrar patatas este año también y no tenía intención.
Ahora tampoco he podido ni podré recoger mi poca aceituna. He arreglado con la cuadrilla de aceituneros de mi hermano para que me la recojan el próximo fin de semana. Lo mío es para dos o tres días. No parece que llegue a los tres mil kilos.
Begoña me ha traido el saco de patatas de siembra que cada año su padre me manda. Significa que tendré que sembrar patatas este año también y no tenía intención.
