Toca la tarea de aportar nutrientes a la huerta. Y en agricultura ecológica lo hago con compost o con estiércol directamente. Cada año supone un esfuerzo ímprobo ir con la carretilla y tratar de llegar a todos las plantas, estén cerca de la cuadra o encaramadas en lo alto del Cerrillo, o lamiendo el barranco en las últimas terrazas. Siempre conté con el apoyo de Pablo o de Damián. Pero eso ya no es posible.
Hoy el día lucía limpio y azul, como desgraciadamente casi todos los días de este otoño-invierno, y solo con la ayuda de Claudia, que es mucha, pues tiene una magnífica determinación y fuerza para todos los trabajos. Puse a trabajar el cerebro y encontré la ayuda bien cerca, en la yegua que no hace sino comer y trabaja poco.
Hace cinco años que nadie la monta, por lo que inicié el intento con mucha cautela. Primero, le puse su silla de montar y observé su reacción. Ni moverse. Segundo, le puse encima un viejo serón de goma, Y ni se inmutó. Tercero, la até próxima al lugar del lugar de carga del estiércol, y empezé a llenar el serón con la pala. Perfecto. Ni rechistó. Y yo creyendo que dicha tarea sería imposible con una yegua tan señoritinga.
Todo el día dando viajes Claudia y yo repartiendo el mejor abono, la mierda de la propia yegua. Hasta un total de unos veinte.
Me duelen todos los huesos del cuerpo de la carga, pero estoy feliz. Un serón por olivo. Tengo tarea para otros muchos domingos, pero he encontrado la solución para muchas tareas. A partir de ahora mi yegua va a trabajar. Y eso le va a valer pues que no la voy a vender.
No hay comentarios:
Publicar un comentario