viernes, 6 de enero de 2012

Sexo machista y aceituna



Llego con el remolque a Trujal de Mágina, cargado de aceituna, acompañado de Claudia y mi padre. No hay absolutamente nadie, aunque las instalaciones están abiertas. Me coloco en posición de descarga sobre la rejilla. La puerta de la garita del controlador del peso está cerrada. Toco el claxon. debe haber alguien, se escucha ruido de algún motor en marcha en las instalaciones. Aparece nuestro amigo controlador.
- Pensé que tal vez hoy no abríais por ser Reyes.
- Que mejores reyes que un día de aceituna -me contesta-.
Nos ayuda a volcar el remolque en la tolva receptora.
Mil cien kilos. No está mal. Me da el recibo de la pesada, le firmo, mientras Claudia se acerca a la garita. Esta es un santuario de almanaques de tias en pelotas, algunas muy pornográficas. No dice nada y se marcha al coche. Me imagino la incomodidad que ha sentido. Arranco el motor y dirigiéndome a mi hija le digo:
- ¿Qué te ha aparecido el muestrario que tiene el individuo?
- Impresentable. La verdad es que me he sentido muy incómoda. Deben pensar que por aquí no pasan mujeres. No sé qué pensarían los tíos si en mi despacho donde reciba a la gente lo tuviera decorado de tios en bolas y en posiciones poco artísticas.
- Pues esto sigue siendo el pan de cada día, hija, en el medio rural. Por mucha acciones de igualdad que se hacen aquí estamos anclados.
- Ya veo, es igual en los talleres mecánicos, carpinterias, y lugares de trabajo muy masculinizados -agrega Claudia con una conciencia muy clara sobre el asunto-.
- Voy a mandar una nota a la cooperativa para que retiren de inmediato esta exposición de machismo ridículo. -lo cierto es que está desde siempre pero nunca lo he visto tan inoportuno hasta que mi hija lo ha contemplado-.
Me fuí preocupado. Y un poco frustrado. Yo impulsando proyectos de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en mi tarea profesional, socio de una cooperativa ecológica en la creencia de que esta empresa podía representar un conjunto de valores no solo en materia de producción comprometida con la biodiversidad, sino el de un grupo de gente depositaria de otros principios sociales, y descubres que al final sólo están aquí seguramente en la convicción de que iban a ganar más dinero. Y además estoy seguro que es así porque de lo contrario no habrían permitido el basurero que abraza toda la cooperativa.
Mañana recibo en la Huerta a una pareja de amigos de Hungría que acaban de llegar a España con una beca europea del programa Leonardo da Vinci, para estudiar nuestra experiencia en desarrollo rural a partir del ejemplo de la Comarca de El Condado, muy bien valorada en medios europeos. Quieren conocer en directo la experiencia de la recolección de la aceituna. Supongo que tendrán oportunidad de tironear de las mantas, golpear los olivos con las varas, y oler a zumo fresco de aceituna en sus manos, sentarse cansados en las pendientes del terreno y mirar el regalo de este cielo azul con brillo de primavera permanente. Pero después también querrán acompañarme a la cooperativa a llevar la aceituna recogida y en el camino tendré que ir disculpándome anticipándome a la imagen trágica de una empresa ecológica que si lo es no lo parece en nada.

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