jueves, 22 de octubre de 2015
Un banco reciclando unas losas de mármol de mi amiga Reme
Hace unos meses estando visitando a mi amiga Remedios en su casa de Madrid, me entregó dos losas de mármol que no le servían, diciéndome: "Seguro que tú le encuentras alguna utilidad".
Desde entonces han estado reposando, meditando, esperando su utilidad en la huerta, sirviendo de peso para evitar que vuele el plástico que cubre una mesa de madera que está a la intemperie.
Hace unas semanas cayeron en mis manos dos grandes piedras naturales, soberbias, con formas redondeadas, que me invitaban a pensar en ellas como brazos de un banco.
¿Y si unía las dos cosas, las losas de mármol y las piedras?
Busqué el emplazamiento con mi hija Claudia y pensamos en cómo sería el banco. Nos pusimos manos a la obra. Piedras, arena, cemento y agua y fueron dando forma al banco.
Pero aún no se ha acabado. Arrumbados en un rincón polvoriento aparecieron unos viejos azulejos del zaguán. Los pasamos bajo el chorro del agua de la manguera, y, secados con el trapo hecho de un jersey desechado, los dejamos relucientes, emergiendo la fuerza y el brillo de sus originales colores.
- Son preciosos, perfectos para la decoración del banco -dijo Claudia.
Estuvimos mucho tiempo dibujando en nuestra imaginación cómo y dónde ponerlos, debatiendo las combinaciones más interesantes. Todavía no hemos decidido la solución final. Seguramente esperaré a otro fin de semana en que ella vuelva de sus estudios en bellas artes, para que sus manos terminen poniendo la nota de color y convirtiendo el banco en una obra de arte.
lunes, 12 de octubre de 2015
Otra nueva escalera
Otra nueva escalera he terminado este fin de semana. Me estoy haciendo un especialista en escaleras rústicas. Ahí está, amoldándose como una serpiente al terreno, zigzagueante, ondulante, llevándome a espacios de difícil acceso. Desemboca esta escalera a una pequeña terraza donde han crecido de manera hermosa dos árboles de China cuyas semillas recogí un otoño del Real Jardín Botánico de Madrid.
También en esta terraza está la actual desembocadura del canal del agua, la que tendré que recoger en una pileta que, sin lugar a dudas, nos dará la oportunidad para nuevas y creativas soluciones artísticas, sobre todo porque tiene una caída muy grande, posibilitando la construcción de alguna pequeña cascada o qué se yo. Ya le estoy dando vueltas al asunto.
El fin de semana ha sido otoñal, lloviznando de vez en cuando. Las hojas del almez ya se tornaron amarillas, pero los campos están sin vida, muertos, silenciosos, sin un pájaro que trine. Sólo al amanecer un petirrojo me dio los buenos días.
lunes, 5 de octubre de 2015
Escaleras para no romperse la cabeza trepando muros
Terminé la construcción de estas pequeñas escaleras que de manera artesanal llevo haciendo con mis manos en el último mes. Era una prioridad absoluta para evitar los peligros de accidente cada vez que he de trepar o bajar de unas terrazas a otras con las gomas de riego arrastrando. Están hechas con bloques de cemento, para definir los perfiles de los escalones -bloques muy baratos, 50ctmos en el mercado-, piedra y hormigón. Me ha sido tan fácil hacerlas y divertido, por la creatividad de ir adaptándome al espacio y orografía, que he pensado continuar con otras nuevas en otras terrazas donde tengo problemas parecidos. Es utilizar en cada sesión unos cinco bloques, que son 2,5 euros, y en dos sesiones tengo resueltas una escalera, a fuer de los remates con las piedras. Es parte del arte en la naturaleza, con sus irregularidades, imperfecciones, asimetrías, curvas, salientes... Ahí reside su belleza.
martes, 22 de abril de 2014
lunes, 7 de abril de 2014
Rematando tareas del invierno
Este fin de semana, con el sol luciendo y los cuerpos templados, hemos rematado el estanque de la fauna acuática que perdía agua y picado ramas de olivo procedentes de la poda. No quemamos el ramón. Nos parece un desperdicio y pérdida de materia orgánica que debemos devolvérsela a la tierra.
domingo, 15 de septiembre de 2013
domingo, 8 de septiembre de 2013
Puerta en la Huerta
Desde hace doce años la puerta ha sido una empalizada de vigas de madera hecha por nosotros que siempre andaba desmoronándose. El fin de la misma no era impedir la entrada a nadie sino impedir que las yeguas se saliesen. Un día nos hicimos unos pequeños muros de piedra que terminaron configurando en la entrada este portalón de aire viejo y donde continuó la empalizada de madera. Pero mi padre, el dueño legal de la Huerta desde que la heredó de sus padres hacia 1950, hoy con noventa y dos años, estaba empeñado en regalarnos una puerta, me imagino que harto de ver siempre la puerta de madera desvencijada. Y un día me dijo: "Sebastián, quiero que tengas un recuerdo mío, deseo pagaros la puerta a la Huerta". Los herreros fueron a medir el espacio y cuando vieron los pilares tan irregulares y toscos pensaron que ahí no era posible engarzar las banderas metálicas de la puerta. Por lo que diseñaron unos soportes metálicos separados y aislados de los pilares. Puestos éstos y las banderas, quedó un espacio enorme entre éstas y el muro, por lo que ha sido necesario que nos pongamos manos a la obra para integrar la puerta en el muro. Para ello se han recogido piedras de la zona y lo que se ve en la foto es el resultado.

