


En las fotos sólo están Pablo y Claudia, aunque yo, el fotógrafo, también participó en el trabajo de sacar el estiércol y aportarlo a las terrazas de la huerta.
Hay gente a la que el olor a mierda de caballo le molesta. Cuando uno se acostumbra, hasta te gusta. Son olores distintos a nuestros salones, despachos, cuartos de baño, perfumes y calles de pueblos y ciudades. Gusta hoy más el olor a gasolina y contaminación que la mierda de caballos. Y yo digo que es mejor lo segundo que lo primero. Todo es cuestión de costumbre.
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