Había que plantarlos. Me puse manos a la obra. Aquello era interminable, sobre todo por la cantidad de hoyos para realizar. Despúes de varios fines de semana y constatando que sería imposible plantarlos todos, con el calor del verano a las puertas, era preciso buscar una fórmula que les permitiera sobrevivir y desagobiarme un poco. Así nació el vivero.
Hoy tengo más de 400 árboles. Los voy trasplantando de recipientes a más tamaño según la planta lo va demandando y si no va a ocupar un espacio determinado en la huerta. Crecen mientras esperan su lugar perfecto. Adecuadamente todo se va repoblando pero sin estrés. Me fuí animando y recogía semillas de los más variopintos lugares que visito por razones de trabajo o que familiares y amigos me traen de sus vacaciones. Son los árboles con DNI.
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